RESERVADO EL DERECHO DE ADMISIÓN

Hay demasiada gente y pocas personas. Esta redicho y cada vez que lo pienso se hace un poco más real, y un poco más constante. En realidad son a menudo las mismas caretas, los mismos gestos, los mismos parámetros llevados a cabo por tres o cuatro que creen que como lanzas tu sonrisa no te estás enterando de la misa la media, o de tu media a la mesa, y sin percatarse de que te haces la tonta, más por educación que por sentimiento, te pueden dar un par de hostias sin que tan si quiera pestañees para recibirlas con menos contundencia. Esa gente cree que todos somos cualquiera, y en ningún caso imagina que si nos rasgamos las ganas de mandarlos a la mierda con ojos, es simplemente porque somos personas y no soberanos tirititeros de la felicidad ajena. En lo más profundo de mi, en mi verdadero yo, en la esencia de lo que soy, en mi carne viva solo tienen permitida la admisión personas, no gente. Y mucho menos tú. 





2 comentarios:

superjomalo dijo...

Me encanta el ultimo párrafo... al menos en nuestra carne mas viva solo habitan aquell@s que deseamos ;)

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Hace tiempo que me invade usa sensación parecida. Cada vez hay más gente y mis círculos son más pequeños. Cada vez se conversa menos y se habla más.